viernes, 7 de noviembre de 2008

quinto: política ficción

EL COMPLICADO SISTEMA ELECTORAL INDIRECTO ESTADOUNIDENSE.
Finalmente, el senador demócrata por Íllinois Barack Obama obtuvo la presidencia de los Estados Unidos de América, una república federal. Lo logró al asegurarse 364 votos electorales frente a los 162 seguros de su contendor republicano John McCain. Sin embargo, si revisamos el voto popular, Obama obtuvo solo un estrecho margen de 6,11%.
Hace cuatro años, en una columna publicada en El Comercio (2/11/2004), el ex jefe de la Onpe y politólogo* Fernando Tuesta Soldevilla, a propósito de la disputa Kerry-Bush, cuestionaba: ¿Por qué quien obtenga más votos en las elecciones presidenciales estadounidenses no necesariamente deban ganar el puesto de mayor poder en el mundo?”. Es por la naturaleza particular del sistema norteamericano.
Explicaba Tuesta:
En Estados Unidos el ciudadano no vota directamente por un candidato a la presidencia. El sistema es de votación indirecta. El triunfo en la elección presidencial no es el producto de la suma de los votos de los ciudadanos, sino por la de llamados electores. Estos electores forman parte de una tradición constitucional estadounidense, llamada Colegio Electoral, y que se utilizaba en los inicios de la democracia en otros países. (…) A cada estado se le asigna un número de electores que es igual al número de representantes (equivalente a diputados) y senadores. En total suman 538 incluidos los tres del Distrito de Columbia. El partido que gana -así sea por voto- obtiene todas las bancadas de los electores en dicho estado. No se reparten proporcionalmente. Por ello matemáticamente un partido puede tener un mayor número de votos en todo el país y, sin embargo, no haber ganado un suficiente número de electores. Estos 538 se reúnen en diciembre en cada estado y votan por los candidatos presidenciales. Gana el candidato que obtiene por lo menos 270 votos. (…) Esta particular forma de elección, que para algunos puede parecer incluso injusta, solo la tenemos en EE.UU.
En la República Peruana, la primera constitución –que nunca rigió plenamente- establecía colegios de parroquia en los que se reuniesen los ciudadanos para designar a sus electores (uno por cada doscientos ciudadanos); se deberían reunir luego los colegios electorales de provincia, en los que los electores votasen por los diputados al Congreso unicameral (uno por cada dos mil almas**), por los miembros del Senado Conservador y por los diputados departamentales. Le correspondía al Congreso elegir al ciudadano presidente. Según anota Marcial Rubio, vicerrector académico de la PUCP, desde la Constitución de 1828 y “hasta antes de la Constitución de 1856, el presidente de la República era elegido por colegios electorales, es decir, en forma indirecta. A partir de ella y sin marcha atrás posterior, se estableció el sufragio directo***. Hasta la carta de 1979, cuando se introduce la figura de la segunda vuelta, “si no se cumplía con los requisitos mínimos de votación exigidos, la votación la hacía el Congreso de la República***. Recuérdese la elección que se iba a realizar el 28 de julio de 1962.
Para hacer un interesante ejercicio de política ficción (pol-fi), podemos aplicar los principios del sistema estadounidense a los resultados la elección presidencial peruana de 2006 en segunda vuelta. Imaginemos entonces que, como en los 'Yunáites', para elegir a un presidente debiéramos convocar a otro Congreso con ese único fin. Alan García obtuvo mayoría en los distritos electorales de: Áncash, Callao, Ica, La Libertad, Lambayeque, Lima, Pasco, Piura, Tumbes y Ucayali (apenas 10 de 25 circunscripciones); mientras Ollanta Humala la obtuvo en: Amazonas, Apurímac, Arequipa, Ayacucho, Cajamarca, Cusco, Huánuco, Junín, Loreto, Madre de Dios, Moquegua, Puno, San Martín y Tacna. Dadas estas estadísticas, García habría alcanzado 72 electores cuando solo hubiera necesitado 61. El Dr. García habría podido no hacer campaña en las quince regiones que ganó Humala e inclusive perder en Pasco o en Ucayali o en Áncash, y aún así se habría hecho del sillón de Pizarro. En cambio, es seguro que García Pérez no habría podido ganar en nuestro sistema sin todos aquellos votos que obtuvo en esas quince circunscripciones, sobre todo si tomamos en cuenta lo disputado de la elección (52,625% - 47,375%).
El sistema, con más de doscientos años a cuestas, tiene entre los principios que lo conciben el dar protagonismo a los estados que conforman la llamada Unión Americana. Tuesta concluía: “Pero si bien es un sistema que ha funcionado bien históricamente, sin embargo, si vuelve a ocurrir igual que en el 2000, en donde Bush ganó en número de electores, más no fue favorecido por el voto popular, puede pasar a ser un sistema que empiece a ser ya no un elemento estabilizador, sino perturbador”. Yo, por mi parte, creo firmemente en la simpleza de “un ciudadano - un voto”.
nota NN: * Uso "politólogo" porque está presente en el DRAE, pero coincido con Marco Aurelio Denegri en tanto dicha palabra es etimológicamente un mamarracho, lo correcto sería "politicólogo"./ ** Artículo 41º de la Constitución de 1823./ *** Enciclopedia Temática del Perú, TOMO IV: Organización del Estado, Marcial Rubio Correa. Lima, Orbis Ventures, 2004.

1 comentario:

Alan Luna dijo...

Muy interesante analizar entre líneas...No lo habíamos visto de ese punto.

Saludos