jueves, 11 de diciembre de 2008
sexto: perlitas sobre nuestras altas autoridades
jueves, 27 de noviembre de 2008
columna: Cómo hacer más eficiente el presidencialismo, JUAN PAREDES CASTRO


sábado, 15 de noviembre de 2008
entrevista: Francisco Morales Bermúdez: LA AMNISTÍA NO ES LA MEJOR SALIDA

viernes, 7 de noviembre de 2008
quinto: política ficción


“En Estados Unidos el ciudadano no vota directamente por un candidato a la presidencia. El sistema es de votación indirecta. El triunfo en la elección presidencial no es el producto de la suma de los votos de los ciudadanos, sino por la de llamados electores. Estos electores forman parte de una tradición constitucional estadounidense, llamada Colegio Electoral, y que se utilizaba en los inicios de la democracia en otros países. (…) A cada estado se le asigna un número de electores que es igual al número de representantes (equivalente a diputados) y senadores. En total suman 538 incluidos los tres del Distrito de Columbia. El partido que gana -así sea por voto- obtiene todas las bancadas de los electores en dicho estado. No se reparten proporcionalmente. Por ello matemáticamente un partido puede tener un mayor número de votos en todo el país y, sin embargo, no haber ganado un suficiente número de electores. Estos 538 se reúnen en diciembre en cada estado y votan por los candidatos presidenciales. Gana el candidato que obtiene por lo menos 270 votos. (…) Esta particular forma de elección, que para algunos puede parecer incluso injusta, solo la tenemos en EE.UU.”

martes, 21 de octubre de 2008
columna: Haya de la Torre y Velasco Alvarado según García, NELSON MANRIQUE


domingo, 12 de octubre de 2008
sábado, 11 de octubre de 2008
tercero: humo y fetidez

martes, 30 de septiembre de 2008
columna: ¿Y la bicameralidad cuándo?, FERNANDO TUESTA

Más allá de la opinión pública, contraria a cualquier cambio en el Congreso, el retorno al bicameralismo constituye una de las reformas fundamentales de la agenda del Parlamento. La forma de abordarla tendrá que ver con su pertinencia, sus funciones, el tamaño de la representación y la forma de elección de los miembros.
Como se recordará, la naturaleza del Congreso fue severamente modificada por la Constitución de 1993. Lo que hoy tenemos es un congreso unicameral de 120 miembros, que no corresponde a un país como el nuestro. La bicameralidad permite una mejor representación (poblacional, territorial), un mejor control de las leyes a través de la revisión, una mejor elección de altos funcionarios del Estado, entre otras cosas.
En términos comparados, las democracias más estables y modernas son bicamerales. Además del criterio histórico, el tamaño del país ha sido importante. Es por eso que entre los 10 países más poblados del mundo, casi todos son bicamerales, mientras que en la lista de los más pequeños, casi todos son unicamerales.
Los congresos unicamerales --como el nuestro-- se encuentran generalmente en países pequeños (los de Centroamérica, Bhutan, Namibia, etc.), nórdicos de monarquías constitucionales (Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia), socialistas (China, Cuba), ex socialistas (Georgia, Hungría, Lituania, Albania) o reformados por gobiernos autoritarios (Venezuela con Chávez y Perú, con Fujimori). El resto, salvo excepciones, son bicamerales.
La Cámara de Diputados (de representación poblacional) debe desarrollar la función de control político, elaboración de leyes, acusación ante la cámara de senadores a los altos cargos del Estado, así como la potestad de censurar al primer ministro. La cámara de senadores debe encargarse de la función revisora de leyes y del nombramiento de todos los titulares de los organismos constitucionales autónomos, en cronograma de fecha fija y obligatoria. Es decir, un Parlamento con cámaras asimétricas.

Hasta que no se constituyan regiones, se deben elegir dos o tres senadores por cada departamento, considerando al Callao, Lima Metropolitana y Lima Provincias, de manera independiente.
Los congresos crecen cada cierto tiempo en la medida en que sus poblaciones lo hacen, de lo contrario se convierte en subrepresentativo, como el actual. Nuestros parlamentos tuvieron ese recorrido, desde 1822 con 85 parlamentarios, hasta los 240 en 1992, que fue disuelto por Fujimori. El tamaño de 120 no tiene relación con una población de cerca de 30 millones y un electorado que ya debe estar por los 17 millones. Por eso, para evitar mayores problemas la reforma debe pasar por que en la Constitución no se coloque un número fijo en su texto.
Pero más allá de las diferencias en algunos puntos, es momento de reorientar el diseño institucional, introduciendo el bicameralismo. Esto, obviamente, no podrá ponerse en práctica si no existe una voluntad mayoritaria para realizar la reforma. Lo único que podrá evitarlo es el actual fraccionamiento de la representación partidaria, uno de los males últimamente endémicos de nuestro Parlamento.
AUTOR: Fernando Tuesta Soldevilla
MEDIO: DIARIO EL COMERCIO
PUBLICADO: 11 de junio de 2008
FUENTE WEB: Polítika/ Blog de Fernando Tuesta Soldevilla
domingo, 28 de septiembre de 2008
humor: El cuco y el antisistema, HEDUARDO

sábado, 27 de septiembre de 2008
columna: Escenario del 2011, CÉSAR HILDEBRANDT
Si el Perú fuera un país menos aluvional, en la derecha del 2011 estaría Rafael Belaunde, que tiene ideas y las tiene claras, compitiendo con Yehude Simon, que podría encarnar una socialdemocracia de los tiempos de Google.Pero como aquí la cacasenería es una vieja inmortal tipo Ña Catita, seguro que tendremos a Luis Castañeda Lossio, el mudo del SAT, por un lado, y a algún inverosímil clon de Ollanta Humala, por el otro.
Castañeda Lossio ha precipitado insolentemente la ruptura de Unidad Nacional porque quizá ya tenga en la mochila el acuerdo con Alan García para el 2011.
Ese contrato mataría dos pájaros de un tiro: haría posible la elección de un continuista ortodoxo como el alcalde de Lima y abortaría las ambiciones presidenciales de Jorge del Castillo.
García no quiere a Jorge del Castillo. Y menos lo quiere como candidato. Lo querría si estuviese convencido de su derrota (como lo estuvo con Luis Alva Castro en 1990). El problema es que Del Castillo podría ganar. Y eso es algo que el narcisismo alanista no está dispuesto a tolerar.
Un Castañeda respaldado por la maquinaria nacional del Apra –cada vez más un PRI andino- tendría grandes oportunidades de hacerse con el poder. A no ser que el Apra se declarase en rebeldía, desacatase la voz del caudillo y apoyase al candidato que surgiera de las primarias del 2010. Pero esto implicaría un clima de beligerancias y desgarros que podría hacer temblar la relativa estabilidad de la economía.
Como un aporte surrealista y provocador a las profecías sobre el 2011, Carlos Ferrero ha previsto ayer una plancha Castañeda-Keiko-Del Castillo, que sería algo así como la versión tumoral de la “Convivencia” de 1956. Es un modo de decir que los escrúpulos de García son lo suficientemente escasos como para proponerle a Del Castillo ser segundón de Keiko, lo que, en la biografía del Apra, podría llamarse el broche de oro de la promiscuidad.
Claro, se me dirá, pero ya no está Barrantes. Pero es que Barrantes nunca fue serio, a pesar de su éxito, su carisma, su bonhomía y su talento. Barrantes inventó el barrantismo, que lo que aportó a las ideas fue un buen vaso de leche en polvo. Y eso de “la izquierda unida jamás será vencida” era para sacarle pica a Hugo Blanco, que fue su bestia negra.
Y después de Barrantes, mucho después, llegó Ollanta Humala, que es un buen hombre y un pésimo candidato. Humala patentó el humalismo, que es algo así como frasear el malestar pero sin saber adónde se quiere llegar.
Barrantes era una federación de urgencias. Humala es un chilcano de furias. Pero ambos, en el poder, no hubieran salido del día a día. Y a ambos los atormentaba un zafarrancho de ideas que los hacía contradecirse cada semana.
Y, sin embargo, el Perú necesita dotarse de un candidato que no esté en el tablero de los Romero y los Miró Quesada, un candidato de las izquierdas renovadas. Yo no sé si a Yehude Simon le alcanza el cuero para la tarea. Lo que sí sé es que es el único que se ha atrevido a proponer un par de novedades en la grasienta agenda política del poder regional.
Como no sé, de igual modo, si Rafael Belaunde tendrá ganas de repetir el itinerario de candidato programático en un país que vota muchas veces por los cromos y los miedos mediáticos. Lo que sí sé es que él es de las pocas cosas buenas y prometedoras que le han ocurrido a la política peruana. ¡Y pensar que estuvo callado tantos años sólo por no contrariar a su padre!
En todo caso, ojalá gente como Simon o Belaunde ventilen el aire pasmado y acaroso que nos envenena. Es que o nos renovamos o tendremos al picapedrero Castañeda haciendo de las suyas (pero en grande) en el 2011. Y con Marquito Parra de Contralor General, cómo no.




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